CONVOCATORIA ENCUENTRO JUEVERO 12 DE FEBRERO
Esta semana la propuesta de los jueves está a cargo de Tracy, el tema es: "Jueveando con el Amor"
El desafío consiste en escribir un relato, poema o reflexión inspirado en una frase que ha dicho una persona célebre.
La frase que me toco es:
El amor por no tener geografía, no conoce límites.
(Truman Capote)
El amor latía en ambos corazones como un reloj antiguo que se niega a
detenerse. Ella, una joven adolescente terminando la secundaria; él, apenas
comenzando el primer año de ingeniería, con los sueños todavía oliendo a
cuaderno nuevo.
Todas las mañanas se encontraban en la parada
del colectivo, ese pequeño puerto donde cada uno embarcaba hacia su propio
futuro. Las miradas cómplices se cruzaban, siendo los pájaros los únicos
testigos de aquel amor que brotaba en silencio.
Se conocían del barrio. Una vez se cruzaron en una fiesta. Aquella noche, Damián reunió valor y decidió llevarle un vaso de gaseosa a Berenice.
Pero el destino, travieso como un niño, interrumpió el momento con un
tropezón que desparramó las bebidas por el suelo, como si el tiempo hubiera
decidido borrar esa escena antes de que comenzara.
Esa fue la última vez que se vieron. Berenice terminó la secundaria y se fue a estudiar a la capital; él continuó en la universidad de su ciudad. La vida, con su andar de río caudaloso, los llevó por cauces distintos.
Los años pasaron, cada uno formó su familia, y nunca más supieron del otro.
Sin embargo, la llama de aquel amor quedó encendida, pequeña pero obstinada,
como una vela protegida del viento en algún rincón del alma.
Berenice enviudó a los 82 años y decidió volver a su ciudad natal. Sintió que era la mejor manera de cerrar el círculo, de dejar que sus días regresaran al mismo suelo donde habían aprendido a caminar.
Una tarde de primavera, se dirigió al parque para terminar de leer un libro de Truman Capote. Una frase la detuvo: “El amor, por no tener geografía, no conoce límites”.
La anotó en su cuaderno y agregó una reflexión, dejando que las palabras
cayeran como hojas.
Cerró el cuaderno, guardó sus cosas y
emprendió el regreso sin saber que el destino, paciente tejedor, aún trabajaba
en su historia.
Damián también había vuelto a su ciudad de nacimiento. Había enviudado cinco años antes, y la soledad le caminaba al lado como una sombra larga. Aquella misma tarde decidió salir a caminar al parque.
Se cruzaron sin prisa, como si toda la vida hubiese sido un rodeo para volver a ese instante. Sonrieron. El tiempo, vencido, guardó silencio. Caminaron juntos, descubriendo que el amor no había envejecido: solo había estado esperándolos.

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