La máquina de escribir

 

CONVOCATORIA ENCUENTRO JUEVERO 19 DE FEBRERO

Esta semana la propuesta de los jueves está a cargo de MARÍA JOSÉ MORENO, el tema es: "Objetos con memoria"



El dueño ve entrar a la tienda (una vieja casa de antigüedades, silenciosa, llena de objetos olvidados que parecen “dormir”) a un hombre misterioso,  que llega con una máquina de escribir antigua.  Deja su máquina para empeñarla, recibe el dinero y se retira.

El dueño entiende que los objetos no envejecen: solo acumulan humanidad. Coloca la máquina en la vidriera, no como mercancía, sino como memoria.

La última vez que Baltasar había usado su máquina de escribir fue hace más de veinte años, cuando escribió su último documento para su trabajo.

El tenía pensado dejársela como herencia a su nieto antes de morir, pero la realidad, áspera y urgente, lo estaba apremiando. 

Su jubilación ya no le estaba alcanzando para comprar sus remedios, así que una tarde de lluvia se puso su piloto y agarro su vieja máquina y se dirigió a la casa de empeño,  sintiendo que en cada paso se desprendía de una parte de su historia.

Luego de unos días en que Baltasar dejo su máquina, entró a la casa de antigüedades una joven que le llamo la atención la máquina de escribir de la vidriera. Magali estaba en búsqueda de una igual a la que vio.

Estaba estudiando en la facultad de letras y se había puesto un desafío, escribir en una maquina antigua un poema todas las semanas.

Magalí se llevó la máquina como quien adopta un corazón que aún sabe latir. La primera vez que la usó, las teclas sonaron como pasos regresando a casa, y cada palabra abrió ventanas en el aire detenido del pasado.

Cada poema que escribió fue encendiendo algo antiguo, una brasa que Baltasar creyó apagada. La máquina, que había conocido el peso de la necesidad, ahora respiraba juventud y futuro.

Así, mientras la tinta abría caminos nuevos, el pasado dejó de ser una carga y se volvió raíz. Porque algunas historias no se pierden: solo cambian de manos para seguir escribiéndose.



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El video de HOY:

Mariposas
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Venciendo al tiempo


CONVOCATORIA ENCUENTRO JUEVERO 12 DE FEBRERO

Esta semana la propuesta de los jueves está a cargo de Tracy, el tema es: "Jueveando con el Amor"

El desafío consiste en escribir un relato, poema o reflexión inspirado en una frase que ha dicho una persona célebre. 

La frase que me toco es:

El amor por no tener geografía, no conoce límites.

                                  (Truman Capote)




El amor latía en ambos corazones como un reloj antiguo que se niega a detenerse. Ella, una joven adolescente terminando la secundaria; él, apenas comenzando el primer año de ingeniería, con los sueños todavía oliendo a cuaderno nuevo.

Todas las mañanas se encontraban en la parada del colectivo, ese pequeño puerto donde cada uno embarcaba hacia su propio futuro. Las miradas cómplices se cruzaban, siendo los pájaros los únicos testigos de aquel amor que brotaba en silencio.

Se conocían del barrio. Una vez se cruzaron en una fiesta. Aquella noche, Damián reunió valor y decidió llevarle un vaso de gaseosa a Berenice.

Pero el destino, travieso como un niño, interrumpió el momento con un tropezón que desparramó las bebidas por el suelo, como si el tiempo hubiera decidido borrar esa escena antes de que comenzara.

Esa fue la última vez que se vieron. Berenice terminó la secundaria y se fue a estudiar a la capital; él continuó en la universidad de su ciudad. La vida, con su andar de río caudaloso, los llevó por cauces distintos.

Los años pasaron, cada uno formó su familia, y nunca más supieron del otro. Sin embargo, la llama de aquel amor quedó encendida, pequeña pero obstinada, como una vela protegida del viento en algún rincón del alma.

Berenice enviudó a los 82 años y decidió volver a su ciudad natal. Sintió que era la mejor manera de cerrar el círculo, de dejar que sus días regresaran al mismo suelo donde habían aprendido a caminar.

Una tarde de primavera, se dirigió al parque para terminar de leer un libro de Truman Capote. Una frase la detuvo: “El amor, por no tener geografía, no conoce límites”.

La anotó en su cuaderno y agregó una reflexión, dejando que las palabras cayeran como hojas.

Cerró el cuaderno, guardó sus cosas y emprendió el regreso sin saber que el destino, paciente tejedor, aún trabajaba en su historia.

Damián también había vuelto a su ciudad de nacimiento. Había enviudado cinco años antes, y la soledad le caminaba al lado como una sombra larga. Aquella misma tarde decidió salir a caminar al parque.

Se cruzaron sin prisa, como si toda la vida hubiese sido un rodeo para volver a ese instante. Sonrieron. El tiempo, vencido, guardó silencio. Caminaron juntos, descubriendo que el amor no había envejecido: solo había estado esperándolos.



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El video de HOY:

No podrás
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Alicia tras el conejo blanco


CONVOCATORIA ENCUENTRO JUEVERO 5 DE FEBRERO

Esta semana la propuesta de los jueves está a cargo de DAFNE, el tema es: "Cayendo por la madriguera del conejo blanco"

El desafío consiste en escribir un relato, poema o reflexión inspirado en uno o varios elementos del collage con temática de Alicia en el país de las maravillas.


Ella observaba cómo el segundero arañaba el reloj con su tic-tac insistente, como si el tiempo se burlara de su paciencia. Las matemáticas le caían encima como un invierno sin abrigo: frías, ajenas, inútiles para quien soñaba con escribir mundos cuando creciera.

Cuando por fin sonó la campana, Alicia brotó de la silla. Guardó sus cosas y escapó de la escuela. Sobre la bicicleta, la música fue su brújula rumbo a casa.

Ya en su refugio, pidió comida sin sospechar que el destino llamaría al timbre. Detrás de esa puerta, el amor la estaba esperando.

—Hola… ¿me pasás el código? —dijo el repartidor. Su voz llegó como una piedra suave rompiendo el silencio—. ¿Estás bien?

—Sí… es solo que no esperaba que el repartidor fuera tan lindo —respondió Alicia, con las mejillas encendidas como semáforos en rojo.

Él sonrió, una grieta de luz en medio de la tarde.

—Si querés, podemos ir a comer al parque. Ya terminé el turno; tu pedido fue el último del día.

Alicia bajó la mirada y entonces lo vio: un conejo tatuado en su brazo, corriendo eternamente, como si siempre llegara tarde.

No lo pensó demasiado. Alimentó a su gato, que le devolvió una sonrisa torcida, idéntica a la del Cheshire, como si supiera algo que ella aún no. 

Se cambió de ropa y, tal como en los viejos cuentos, decidió seguir al conejo; esta vez no saltaba por madrigueras, sino que corría tatuado en el brazo de un chico hermoso.

Cerró la puerta con llave y salieron rumbo al parque.

En el camino se cruzaron con personas atrapadas en engranajes invisibles: rostros borroneados, pasos cansados, miradas entregadas a la inercia de una felicidad postergada.

Ellos, en cambio, compartieron el almuerzo y pequeñas historias, y entre palabras y risas el amor empezó a tejer su hechizo.

Una oruga se deslizó entre los restos de lechuga del sándwich, esquivando hongos como un acróbata diminuto. Alicia sonrió: sabía que todo cambio anuncia alas.

Martín entonces le propuso jugar a las cartas.

Las cartas quedaron olvidadas mientras sus manos se encontraban. El amor nació sin prisa, como una flor en medio del cemento. Alicia supo que, al seguir al conejo, había llegado al lugar correcto y corono la tarde con un dulce beso.




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Que salga (Sol o Luna)
Vale Acevedo






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